« Inicio | Archivo del autor Julio Rodríguez Chico
Miércoles 23 Enero 2008

Como cada año, el Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) ha concedido sus premios al mejor Cine Español del año, en un acto patrocinado por EGEDA y Televisión Española. Lo ha hecho de manera muy repartida y haciendo honor a su reconocida independencia. Ya en la selección previa —de la que informábamos en este mismo blog—, una sorpresa: “Las 13 rosas” sólo recibía una candidatura. La Gala fue presentada por los actores Paula Echevarría y Fernando Cayo, protagonistas de “Luz de domingo” y “Mataharis” respectivamente. Una vez leídos todos los premios, alguno considerará a “Siete mesas (de billar francés)” como la gran triunfadora por llevarse la Medalla a la mejor película y a la mejor actriz principal Maribel Verdú, mientras que otros pensarán que lo fue la cinta de José Luis Garci “Luz de domingo” por sus 4 galardones –Alfredo Landa y Carlos Larrañaga como actores, guión adaptado y fotografía). Siempre habrá quien dé más trascendencia al premio revelación por eso de mirar al futuro… y entonces verán en Juan Antonio Bayona al próximo “Amenábar” que conquiste el Oscar® —en otra ocasión—, pues aquí se llevó también el reconocimiento a la mejor música y al mejor montaje por “El orfanato”.

El mejor documental fue “Fados” (Carlos Saura) dejando en la cuneta a “Las alas de la vida”, mientras que “La vida de los otros” (Florian Henckel von Donnersmarck) fue considerada la mejor película extranjera. Sin embargo, para quien escribe, Jaime Rosales hizo el trabajo más meritorio del año en “La soledad” y por eso se ganó con justicia la Medalla al mejor director, aunque no debió ser el único galardón. Como se puede ver en la relación completa de premios concedidos, mucho reparto en una noche en la que todo eran agradecimientos y recuerdos, pues la lotería parecía haberles tocado a todos. Al margen de los premios por trabajos del 2007, el CEC se acordó de quienes han gastado su vida por el cine, con un trabajo que les era reconocido públicamente. Aurora Bautista recibió la Medalla de Honor por su carrera de actriz, con títulos tan memorables como “Locura de amor” de Juan de Orduña, “Sonatas” de Juan Antonio Bardem, “La tía Tula” de Miguel Picazo, “Amanece, que no es poco” de José Luis Cuerda o “Tiovivo c.1950” de José Luis Garci, entre otros.

También concedió la Medalla del CEC al crítico y escritor José María Caparrós Lera, por su labor literaria y periodística —es autor de 35 libros de cine—, además de por su trabajo investigador al frente del Centre d’Investigacions Film-Història de la Universidad de Barcelona, por él fundado en 1983. La Gala concluyó con la proyección de la película “La vida sin Grace” de James C. Strouse, con John Cusack al frente del reparto y música de Clint Eastwood nominada en los pasados Globos de Oro. Además, la cinta venía de ser premiada en Sundance con el Premio del Público y el Premio Waldo Salt al mejor guión, y tuvo una buena aceptación en la sala.

En las imágenes: Foto de familia de “Siete mesas (de billar francés)” © 2007  Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados. Fotograma de “La soledad” © 2007 Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Miércoles 2 Enero 2008

Como todos los años por estas fechas, toca hacer balance del cine español. Al menos, pulsar la opinión de los críticos, porque la Academia y la taquilla van por otro lado. Por eso, el Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) —asociación decana en nuestro país— ha dado a conocer recientemente sus nominaciones para el curso que acaba de terminar, a la espera de una segunda votación de la que saldrán los ganadores en las diversas categorías, allá por el 21 de enero próximo, lo mismo que la Medalla de Honor 2007. En esta primera criba, destacan las 9 candidaturas de “Siete mesas (de billar francés)” (Gracia Querejeta), y las 8 de “Mataharis” (Icíar Bollaín) o de “El orfanato” (Juan Antonio Bayona). Todas ellas optan al premio a mejor película, director/a, actriz principal, guión original y montaje, al menos. Se ve que no hay muchas dudas entre los críticos y sí coherencia. Como en las nominaciones a los Goya, también aquí se ha “colado” la película de Jaime Rosales “La soledad”, en los apartados de mejor película y director…, por algo será, tratándose de cine de autor y no excesivamente comercial: al menos para quien esto escribe, se merece eso y mucho más.

Por detrás del grupo de cabeza, llega José Luis Garci con 7 candidaturas para su “Luz de domingo”, la mayor parte de carácter artístico y la bien merecida que se lleva Alfredo Landa. Y algunas nominaciones para otras propuestas como “Bajo las estrellas” de Félix Viscarret, “Ladrones” de Jaime Marques, “[Rec]” del dúo Jaume Balagueró-Paco Plaza, por ejemplo. Sorprende que “Las 13 rosas” (Emilio Martínez-Lázaro) esté sólo nominada para el premio a la mejor música: no digo yo que mereciera tantas como la Academia propone, pero alguna más… quizá sí. Entre los documentales, me quedo con “Las alas de la vida” de Antoni P. Canet, frente a “Fados” (Carlos Saura), “Invisibles” (varios directores) o “El productor” (Fernando Méndez-Leite). Y entre las películas extranjeras, cualquiera tiene calidad sobrada para llevarse el premio (“Once” , “Ratatouille” , “Apocalypto” y “La vida de los otros”), aunque puestos a elegir, la cinta alemana tiene más posibilidades. Por último, para los premios Revelación tenemos dos directores (Bayona y Viscarret) y dos actrices (Manuela Velasco por “[Rec]” y Gala Évora por “Lola: La película”): bien, pero echamos en falta a Rafa Cortés (“Yo”) y Javier Rebollo (“Lo que sé de Lola”). Sea cual sea la selección y las premiadas, estas quinielas siempre vienen bien para repasar toda una temporada de cine, para recordar buenos momentos, para confrontar opiniones, y para que el espectador seleccione aquéllas que se le pasaron en la cartelera y las vea… aunque sea en el televisor de su casa.

En la imagen: Maribel Verdú, Blanca Portillo y Gracia Querejeta en el rodaje de “Siete mesas (de billar francés)” - Copyright © 2007 Enrique Cerezo Producciones, Elías Querejeta Producciones y Ensueño Films. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Domingo 4 Noviembre 2007

A día 3 de Noviembre de 2007, el Jurado Internacional de la 52ª Semana Internacional de Cine de Valladolid, integrado por Marta Bianchi (Argentina), Toni Cantó (España), Xavier Capellas (España), Wiktor Grodecki (Polonia), Iôna de Macêdo (Brasil) y Fernanda Silva (Portugal), ha decidido otorgar los siguientes premios: Premio UIP Valladolid a “Un bisou pour le monde”, de Cyril Paris (Francia); Espiga de Plata al Cortometraje para “Si muero lejos de ti”, de Roberto Canales (México); Espiga de Oro al Cortometraje ex aequo para “Isabelle au bois dormant”, de Claude Cloutier (Canadá), y “Spielzeugland”, de Jochen Alexander Freydank (Alemania); Premio a la Mejor Dirección de Fotografía para Alberto Moro, por “14 Kilómetros” (España); Premio a la Mejor Música para Santi Vega, por “14 Kilómetros” (España); Premio al Mejor Guión para Eran Kolirin, por “La banda nos visita” (Israel y Francia); Premio a la Mejor Actriz para Jowita Budnik, por “Plaza del Salvador” (Polonia); Premio al Mejor Actor para Karl Markovics, por “Los falsificadores” (Austria y Alemania); Premio Pilar Miró al Mejor Nuevo Director para Eran Kolirin, por “La banda nos visita” (Israel y Francia); Espiga de Plata para “Plaza del Salvador”, de Krzysztof Krauze y Joanna Kos-Krauze (Polonia); y Espiga de Oro para “14 kilómetros”, de Gerardo Olivares (España).

La inmigración es uno de los temas que más preocupa al país, y la Seminci se ha hecho cargo de ello. Por eso la Espiga de Oro ha ido a parar a “14 kilómetros”, de Gerardo Olivares: meritorio documental con una dramática historia ficcionada y una hermosa fotografía y música —también premiadas—, pero no lo mejor visto en estos días. También la sección Tiempo de Historia ofreció su primer premio al emigrante, en este caso sudamericano, con “Made in L.A.”, de Almudena Carracedo. Por otro lado, se ve que la muerte sigue espantando y no se la quiere ver ni en pantalla, aunque se presente de manera humana y sutil. La película de Naomi Kawase (“El bosque del luto”) sólo se llevó una mención concedida por la Juventud, pero menos aún consiguió la magnífica “Lejos de ella”, de Sarah Polley, sin duda la gran derrotada pues sus dos actores también se merecían reconocimiento. Estas dos cintas “interiores” eran, junto con “La banda nos visita” del israelí Eran Kolirin —que se lleva el premio al mejor guión y al director novel, merecidísimos—, lo mejor de la Semana a concurso.

Han sorprendido los premios concedidos a la polaca “Plaza del Salvador” del matrimonio Krauze: Espiga de Plata y Mejor Actriz para un drama que carga las tintas sin dar lugar al respiro. Su protagonista Jowita Budnik hace un buen y esforzado trabajo, aunque nos hubiera gustado más premiar a Julie Christie por “Lejos de ella”. El Jurado pensó que el papel masculino mejor interpretado era el de Karl Markovics por “Los falsificadores” : nada que objetar, y le felicitamos. Lo mismo que al canadiense Claude Cloutier por su cortometraje de animación “Isabelle au bois dormant”: si algún día se edita o cuelga en Internet, no dejen de verlo porque es realmente bueno y divertido. Cambiando de tercio, no ha sorprendido el voto del Público, que claramente prefiere el final feliz y la ternura. Eso es lo que encontró en la francesa “Juntos, nada más”, de Claude Berri —aunque habría que decir de Audrey Tautou-Amélie—, y en la española “Nevando voy” de Maitena Muruzábal y Candela Figueira, en la Sección Oficial y en Punto de Encuentro, respectivamente. Ambas optan por lo complaciente y amable, y eso tiene su premio. Otra cosa es lo que busca la mirada del Crítico (FIPRESCI), más pendiente del lenguaje y la perfección técnica, algo que se creyó descubrir en “Le voyage du ballon rouge”, de Hou Hsiao Hsien.

Se terminó una edición que apostó por directores veteranos —el Jurado prefirió no consagrarlos más con nuevos galardones, aunque nadie duda de la calidad de las presentadas por Wong Kar-Wai o Yoji Yamada, por ejemplo—, y también por películas provenientes de otros festivales como Cannes o Venecia —demasiadas, para lo bueno y para lo malo—. Por eso, la Espiga se la llevó una “sin usar”, y de eso nos alegramos…, aunque quizá en el futuro haya que arriesgar un poco más, ojear por el mundo en busca de joyas verdaderamente inéditas, y renunciar a alguna vecindad —decepción total de los españoles Gonzalo Suárez y Mario Camus, mientras que nos sorprendió para bien Roser Aguilar, pero no concursaba—. Por momentos, la Semana parece pedir innovación y salir del estancamiento, dejar de ser festival “escoba” aunque conserve sus señas de identidad, entre la sobriedad y el compromiso social. La organización tuvo algún que otro traspiés en las copias de ciertas películas, y hubo demasiado DVD en secciones paralelas, pero, en cambio, abandonó la traducción simultánea para subtitular todo lo proyectado: una de cal y otra de arena. Algo se mueve y se avanza, aunque aún hay mucho camino por recorrer. Veremos qué pasa dentro de 365 días, y si la Seminci y Juan Carlos Frugone no pierden el tren: con el AVE, ni Valladolid ni la Seminci se podrán quejar de que Sevilla les coja la delantera.

52ª Semana Internacional de Cine de Valladolid, celebrada durante los días del 26 de Octubre al 3 de Noviembre de 2007.

En las imágenes: Logotipo de la Seminci y Espiga de Oro © 2007 Seminci. Todos los derechos reservados. Detalle del cartel de “14 kilómetros” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados. Fotograma de “La banda nos visita” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados.

A primera hora, Gerardo Olivares nos abrió los ojos a la realidad de los emigrantes subsaharianos con “14 kilómetros”, una historia de ficción con aires de documental en el que nos cuenta las penalidades e infortunios que sufren un aspirante a futbolista y una joven en peligro. Ambos deciden huir a Europa en busca de una vida digna, empeño arriesgado por las dificultades de la pobreza o el desierto, pero fundamentalmente por las que suponen los hombres y sus mafias. La historia tiene fuerza e impacta porque todos sabemos que lo contado es real; los protagonistas hacen de sí mismos… y eso tendría que aumentar la credibilidad, aunque se echa en falta cierta tensión emocional que exigía una mejor dirección de actores. Quizá lo mejor sea su trabajo fotográfico, con imágenes que van perdiendo luz y ganando dramatismo a medida que se acercan a España, y un final de esperanza de gran finura y delicadeza.

En el extremo opuesto se encontraba la cinta “Juntos, nada más”, del francés Claude Berri. Una historia de amor convencional detrás de la cual se esconden soledad y duros dramas familiares… eso sí, suavizados y endulzados —él es cocinero, ella artista— hasta caer en lo tópico y previsible, con personajes que evolucionan solo artificiosamente. El tono amable y complaciente hace que se vea con agrado y sin exigencias, aunque tampoco despierte fuertes adhesiones, a no ser que el espectador sea fan de Audrey Tautou, o mejor dicho de la dulce Amélie. Y así quedaba lista para sentencia esta Seminci. El sábado se hace público el palmarés y por la noche toca la clausura oficial, donde el centro de atenciones será Sophia Loren —presente en Valladolid desde ayer jueves—, a quien se entregará la Espiga del Festival por su trayectoria cinematográfica.

La clausura de la Seminci le corresponderá a Ang Lee con la película ganadora del León de Oro de Venecia, “Deseo, peligro”. Es indudable el talento y sensibilidad del director taiwanés para contar historias, y también su oficio para crear atmósferas de amor, emoción o tensión. Una historia bien ambientada en la China ocupada por los japoneses, pero sobre todo en lucha fratricida entre la resistencia y los colaboracionistas. Mejor conseguida la trama de espionaje y la lírica, cuando Ang Lee quiere generar sensaciones sutiles de duda, miedo o suspense en los mismos protagonistas —y en el espectador—; más discutible y torpe cuando se decide a dar rienda suelta a la violencia y la pasión, con escenas de sangre y sexo excesivamente crudas y sadomasoquistas, algo que no necesitaba para ganar el favor del público. Es cierto que, de un tiempo a esta parte, ha incorporado el oficio de productor al de director, y siempre la polémica y el circo han reportado beneficios en taquilla… pero no era necesario tanto morbo y concesión, tanta pérdida de contención y sutileza. Particularmente, me quedo con el artista y no con el provocador.

En las imágenes: Fotograma de “14 kilómetros” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados.  Audrey Tautou en “Juntos, nada más” © 2007 Notro Films.  Extracto de una foto de Etienne George. Todos los derechos reservados.

El nuevo día ha dejado atrás la amargura y sordidez que el miércoles trasmitiera el austriaco Jakob M. Erwa. Afortunadamente, Hou Hsiao Hsien nos tenía reservado un rayo de luz y esperanza con “Le voyage du ballon rouge”, también presente en el pasado Festival de Cannes —hasta seis filmes se ha traído desde allá Juan Carlos Frugone a la Sección Oficial—. Deliciosa película sobre la vida cotidiana y sus nimios detalles, que pasa sin chirriar de la fantasía e ingenuidad infantiles a la estresante realidad de los adultos. Miradas llena de sensibilidad y poesía de una cámara que no tiene prisa para acompañar a un niño por las calles de París en compañía de su cuidadora o de un globo rojo —homenaje a Albert Lamorisse tras 50 años de su obra maestra—, o en contemplar a su ocupada madre dando voz a sus marionetas chinas. Excelente interpretación de Juliette Binoche, pero esto no es ya ninguna sorpresa. Siendo una propuesta minoritaria por su ausencia de “historia”, la cinta hubiera ganado si acortara su metraje, pues no se habrían perdido ninguna de sus placenteras sensaciones y tampoco hubiera llegado a hartar su repetición de situaciones.

Después nos dimos un paseo por Cantabria. Teníamos por guía turístico a Mario Camus, y por recorrido el que trazaba su película “El Prado de las Estrellas”. Varias historias variopintas y entrelazadas, y personajes muy humanos que tratan de no renunciar a ilusiones y proyectos que les abran horizontes. Una historia muy pegada al terreno de su adorada tierra, descompensada en sus tramas, y con diálogos tan cuidados como artificiales en su excesiva literalidad, con tomas del ciclista en la carretera que rompen el ritmo narrativo y que sólo se justifican por su afán de mostrar bellos parajes, con alegatos ecologistas frente a la especulación inmobiliaria… En todo se respira su apego a la Cantabria rural y tradicional, y eso es precisamente lo que le traiciona al caer en la complacencia. La trama sentimental es la que peor funciona pues le falta emoción y ternura, mientras que la de la anciana y el personaje de Álvaro de Luna acaba siendo la que mejor conecta con el espectador, también por el buen trabajo del actor y de Mari González. No llega a satisfacer esta nueva película de Camus, por la irregularidad comentada y la falta de ritmo, por la frialdad y despego que provoca.

Fuera de concurso estaba “Lo bueno de llorar”, la nueva obra de Matías Bize, hijo predilecto de la Seminci-Frugone pues en este tiempo se han proyectado sus tres films. De manera insistente, el chileno vuelve sobre una historia de pareja, con las mentiras e infidelidades que se esconden tras la relación. Una larga noche de paseo por Barcelona para trasmitir dudas, deseos, miedos… todo entre discusiones y justificaciones. Una trama mínima que esconde una gran dosis de pesimismo sobre la duración del amor y sobre la condición humana. Y en la sección Punto de encuentro hemos podido ver una entretenida película de cuidada factura audiovisual, “Nevando voy”, de las jóvenes directoras Candela Figueira y Maitena Muruzábal. Una oxigenante historia sobre cómo el trabajo —en un taller de embalaje de cadenas de coche para la nieve— puede trasformarse en un juego si entre los compañeros reina el buen humor y la amistad, aunque sus cuatro protagonistas nunca lo tienen tan claro ni tan fácil como aquí se dice. La cinta tuvo muchos aplausos y la gente salió contenta de la sala, aunque ciertamente había caídas de ritmo en el guión y cierta artificiosidad en la puesta en escena y en las interpretaciones, defectos excusables en una ópera prima.

En las imágenes: Detalle de una creatividad promocional de “Le voyage du ballon rouge” © 2007 Notro Films. Todos los derechos reservados. Mari González y Álvaro de Luna en “El Prado de las Estrellas” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados.

Jueves 1 Noviembre 2007

Quizá para enmendar la decepción de ayer con Sergio Renán, hoy se ha proyectado “XXY” de Lucía Puenzo, premiada en el Festival de Cannes y candidata de Argentina a los Oscar®. Película planteada como una búsqueda de la identidad sexual y personal, a partir de la historia de una chica a la que sus padres habían querido dejar la opción de elegir su orientación cuando llegase a la adolescencia. La cinta está bien rodada e interpretada, con diálogos ambiguos que dan la información justa, con una ambientación de luces frías que potencia la indefinición que propone la misma historia. La realidad es dura y dramática, si bien el planteamiento de salida resulta artificioso. Aunque se le dota de sensibilidad adolescente, el film exigía una mayor profundidad.

Del drama argentino bien cocinado y condimentado, pasamos al dramón polaco ofrecido en “Plaza Salvador” por Krzysztof Krauze y su esposa Joanna Kos-Krauze. Historia para llorar con la protagonista, una buena mujer que ve cómo la quiebra de la constructora les deja sin vivienda, su suegra la enemista con su marido y le hace la vida imposible aprovechando que les ha acogido en su casa, su marido la engaña con un amante… Crónica negra y espesa que no deja respirar al atribulado espectador, hasta un desenlace tan poco coherente con las dos horas previas… que sólo se explica por un error de guión y una voluntad de justicia de los directores.

Pero la negrura y sordidez estaba aún por llegar en la jornada de hoy, y vino de la mano de “Heile welt” del austriaco Jakob M. Erwa. Retrato de dos generaciones que compiten en desorientación y desenfreno: adolescentes que no son dueños de sus emociones ni de sus actos, que vagan por las calles entre robos, juergas de alcohol y sexo; y padres que también abandonan su responsabilidad y temen haber perdido el cariño y autoridad sobre sus hijos. Lo malo es que el director cae en lo que denuncia y se hace indigesto, con una cámara loca de planificación descuidada, una fotografía de mínima resolución, un gusto por lo morboso en escenas de sexo y violencia, y una ambientación posmoderna que cansa y asfixia. Menos mal que por la tarde apareció Albert Lamorisse con sus dos mediometrajes más reconocidos, en un homenaje que la Seminci le ofrecía: “Le ballon rouge” y “Crin-blanc”. Cine de los años 50 multipremiado para dar una lección de poesía e inteligente uso de la imagen, de dulzura y humanidad. Cine de muchas lecturas y factura sencilla que recomiendo a todos los amantes del buen cine, pues recientemente ha sido editado en DVD.

En las imágenes: Inés Efron en “XXY” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Heile welt” © 2007 Novotny & Novotny Filmproduktion. Todos los derechos reservados.

Miércoles 31 Octubre 2007

Si ayer la japonesa Naomi Kawase se acercaba al mundo de los ancianos con exquisito tacto oriental, hoy otra mujer, la actriz Sarah Polley, coge el relevo para hacerlo desde la mirada occidental en “Lejos de ella”. Distinta óptica, pero idéntica sensibilidad y delicadeza para hablar de la fidelidad del amor cuando el Alzheimer llega y parece destruir una relación que ha sobrevivido a inconfesables peligros. La directora canadiense sabe imprimir a las imágenes la ternura y paciencia que el matrimonio protagonista encierra, sugerir sin ocultar un pasado de culpa que pesa sobre el marido, iluminar la oscuridad de la memoria con fogonazos de amor. Una historia de gran hondura y dolor contenido, de dilemas y paradojas que hablan de generosidad y amor sin límite, de secretos de un matrimonio que tiene en Julie Christie y Gordon Pinsent —ambos firmes candidatos a los premios de Mejor Actriz y Mejor Actor— rostros capaces de trasmitir sentimientos complejos pero sinceros con la sola mirada, dejando espacio al espectador para que perciba por sí mismo una melancólica historia de amor y perdón. Un gran acierto de Polley y de la Seminci.

Poesía, amor y sutileza es lo que le faltaba a la película del argentino Sergio Renán, que en “Tres de corazones” quiere contarnos una historia de soledad y falta de afecto, pero que se pierde en lo explícito, en lo violento y en lo zafio. Porque “exceso” es la palabra que mejor define a este culebrón de sobremesa en el que un mafioso de barrio tiene montada una red de taxis y también de prostitución. Excesos de brutalidad y verborrea, de interpretaciones forzadas para personajes mal definidos y muchas veces increíbles, con un guión desequilibrado y previsible en la resolución de conflictos, que pretende hablar de desencuentros amorosos y no alcanza más que a mostrar sangre, sexo y cutrez. Al parecer, en esta Seminci los fríos canadienses tendrían que dar unas clases de tango a los argentinos.

Fuera de concurso, en la Sección Oficial se ha proyectado “Lo mejor de mí”, ópera prima de Roser Aguilar y homenaje a la Escuela de Cine y Audiovisuales de Cataluña (ESCAC) en la que estudió la directora. La película viene precedida de varios premios en el Festival de Locarno, y no ha defraudado en absoluto. Nos ofrece una historia de amor, puesto a prueba cuando la muerte amenaza a un joven atleta que necesita un trasplante de hígado, y su novia es quien se presta a ello. Buena interpretación de Marian Álvarez en un personaje complejo que evoluciona y progresa, y meritorio guión que sabe percibir la distinta manera en la que hombre y mujer perciben el compromiso, y acierta también a dejar abierta la historia a la vez que plantea alguna cuestión moral de entidad.

En las imágenes: Julie Christie y Gordon Pinsent en “Lejos de ella” © 2006 Notro Films. Todos los derechos reservados. Marian Álvarez en “Lo mejor de mí” © 2007 Escándalo Films. Todos los derechos reservados.

Martes 30 Octubre 2007

Parece que la Seminci se anticipa a la fiesta de los difuntos, o al menos eso es lo que se deduce después de ver, a primera hora de la mañana, “El bosque del luto” de la japonesa Naomi Kawase. Un cine de extrema sensibilidad y delicadeza, de profunda espiritualidad oriental, con el que se acerca a la muerte y a la pérdida de los seres queridos. En una residencia de la tercera edad, una joven enfermera —que arrastra el dolor por un hijo muerto en accidente— acompaña a un anciano en la “despedida” de su mujer, cuando se cumplen 33 años de su fallecimiento. Es la ardua ascensión a la montaña, metáfora y símbolo budista para hablar del viaje interior de purificación en busca de la paz y armonía final. Bellas imágenes de una Naturaleza de fuerte presencia y tempo lento apropiado para la contemplación, junto a rostros que esconden dulzura y también dolor, y cine poético para un público que recele de la acción trepidante y las prisas y que prefiera las sensaciones y los sentimientos interiores.

En las antípodas de ese cine se encontraba “Los falsificadores” de Stefan Ruzowitzky, nueva muestra del revisionismo que los alemanes están haciendo de su pasado nazi: campos de concentración, sabotajes y chantajes alrededor de un grupo de judíos seleccionados por las SS para falsificar dinero y sostener la guerra. Héroes y villanos, idealistas y quienes sólo buscan sobrevivir en un marco desasosegante y sucio, algo bien conseguido por una fotografía de baja definición, un empleo impactante del sonido y una cámara mareante. Un aspecto más de una historia que se repite hasta la saciedad —ya casi es un subgénero—, bien contada en un largo flashback, aunque se empantane entre las libras esterlinas y los dólares. Aunque el director se plantea interesantes dilemas morales, con tanto afán de denuncia y condena no logra evitar la explicitud narrativa y el discurso prefabricado, con lo que al espectador se le da todo hecho y no tiene más que dejarse llevar por la cámara.

En busca de más nazis, por la tarde nos hemos ido a la sección Punto de Encuentro, y los hemos encontrado hablando en catalán en la película “El payaso y el Führer” de Eduard Cortés. Se va a celebrar el cumpleaños del dictador y el jefe de la Gestapo quiere “regalarle” un número —con participación suya— del célebre payaso Charlie Rivel, algo de lo que pueden derivarse imprevisibles consecuencias. Con el tono cómico y mordaz que en otro tiempo inmortalizasen Charles Chaplin y Ernst Lubitsch, Cortés adapta una obra de teatro, y eso se nota demasiado en su puesta en escena y planificación. La gravedad viene con el tema y algunas imágenes documentales, la comicidad con los chistes —excesivos, pues en ocasiones parece que asistimos a un show humorístico— y de las propias actuaciones circenses, y las puyas de unos diálogos irónicos o mortalmente afilados. Digno intento por una buena causa, con risas y entretenimiento asegurados, aunque algo irregular y no soporta las comparaciones con sus precedentes. Y como la Seminci quiere ser foro para el debate y la divulgación, hoy se han iniciado varias conferencias sobre Efectos Especiales, que van acompañadas de cortos del mago George Méliès o diversos montajes sobre la aplicación de las nuevas tecnologías al cine. Bienvenida sea esta iniciativa, aunque coincidiendo con la Sección Oficial…

En las imágenes: Fotograma de “El bosque del luto” © 2007 Vértigo Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Los falsificadores” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

De agradable sorpresa hay que calificar a la película israelí con que se ha iniciado el día. Eran Kolirin presentaba “La banda nos visita”, una comedia amable y simpática en torno a una banda musical de la policía de Alejandría que llega a Israel para inaugurar un Centro Cultural Árabe. Lo que comienza siendo una sucesión de situaciones cómicas y esperpénticas —algunas muy divertidas—, va cogiendo cuerpo y transformándose en un melodrama intimista cuando la cámara se adentra en las historias personales, con la convivencia de culturas y la comprensión como trasfondo. Excelentes y contenidas interpretaciones llenas de humanidad para una pequeña producción que crece con el paso de los minutos, y que se ganó un prolongado aplauso del público y más de una carcajada. Hasta ahora, lo mejor y más fresco: no se irá de vacío, y quizá el premio Pilar Miró no sea suficiente.

Un cambio de registro para ver, poco después y fuera de concurso, “La zona”, de Rodrigo Plá. Thriller con denuncia social incluida y adaptación de un cuento muy pegado a la realidad mexicana para criticar la corrupción o la extrema desigualdad social del país. En una urbanización rica y “privilegiada” asistimos al ajuste de cuentas y “caza” de un chico que cometió el error de invadir un coto cerrado por un muro de hormigón y alambrada, y también de prepotencia y falta de escrúpulos. La historia tiene fuerza e interés, y no pierde en ningún momento ritmo ni tensión, mientras que la espléndida fotografía —con texturas muy físicas— y una cámara al hombro dan realismo y fuerza a la película. Falla el retrato de algunos personajes poco coherentes, y unas interpretaciones que quedan en un segundo plano. Cinta de género y resultona, con acción y violencia física y emocional, para hablar también del miedo y la obsesión por la seguridad, sobre todo de quienes tienen algo que perder y se aíslan en su paranoia.

Y por la tarde, nuevo cambio de rumbo y Australia que rompe esquemas. Darren Ashton sorprende con “Razzle Dazzle”, y la Seminci con su selección a concurso en la Sección Oficial. Comedia de corte documental para parodiar el mundo de las escuelas de danza infantil: son entrevistas a padres y profesionales que compiten en campeonatos de mezquindad; y niñas que ensayan, bailan y sufren las consecuencias de una deficiente educación. El tono televisivo y desenfadado del formato, y lo patético de algunas situaciones arrancan algunas risas fáciles, pero uno se pregunta qué pinta un entretenimiento del montón como éste en un festival de cine de prestigio. En el pase para críticos, muchos abandonaron la sala; otros nos quedamos para pasar el rato, recordando una obra maestra —“Pequeña Miss Sunshine”— donde se retrataba mucho mejor un fenómeno similar con tan sólo la escena del concurso final.

En las imágenes: Fotograma de “La banda nos visita” © 2007 Manga Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “La zona” © 2007 Alta Films. Todos los derechos reservados.

No importa que ruede en inglés y rodeado de estrellas americanas. Wong Kar-wai vive inmerso en un microcosmos emocional en el que intenta jugar con el tiempo de unos personajes heridos de amor. La misma estética visual de films anteriores e idéntica aproximación a un universo de desencantos y desencuentros afectivos, de distancias físicas y también interiores. En “My blueberry nights” teje cuatro historias de corazones rotos, relojes estropeados y puertas que deben cerrarse para poder abrir otras. Música y fotografía espléndidas que buscan generar sensaciones, cuidada planificación para congelar emociones… todo con un tono nostálgico que a estas alturas suena a déjà vu, y que no alcanza el clímax deseado para el amor. Más de lo mismo —como el viernes Yoji Yamada y los samuráis—, para gusto de sus fans y disgusto de quien espera renovación.

Pero peor impresión ha dejado Gonzalo Suárez con “Oviedo Express”: comedia sobre los amoríos e infidelidades en la pareja, y sobre la vida como un gran teatro de mentiras. Esta es la historia de una compañía que llega a la capital astur para representar “La Regenta”, y cuya vida real se confunde con la de sus personajes: algo muy manido y poco original. La película descansa sobre un guión excesivamente literario —para bien y para mal— y a ratos artificioso, y su intento de naturalidad deriva hacia lo chabacano y tópico —aunque pretenda huir de ellos—. No le faltan momentos de ingenio e inteligencia, pero se queda en eso… en chispazos para una trama irregular y que camina a trompicones entre la tramoya, la ciudad y el escenario político.

Otro ilustre veterano, Ermanno Olmi, nos ha ofrecido “Centochiodi” (Cien clavos), una historia costumbrista de resonancias evangélicas y hondo calado neorrealista. Un profesor de filosofía decide poner fin a tanta especulación y teoría sobre la felicidad y la religión y “da muerte” a cien libros de su facultad para lanzarse a buscar el sentido de la existencia en la Naturaleza y la amistad. Mejor conseguido el naturalismo de los tipos populares —no actores— que la trama “policial”, exige verse en conexión con la tradición cinematográfica italiana. Pero la gran estrella del día era Ingmar Bergman y el documental-entrevista inédito realizado por Marie Nyreröd, “Bergman island”: una delicia para los amantes de su obra y para quienes estén interesados en conocer más sobre el lado humano de quien buscó en la isla de Farö una paz que se le había resistido.

En las imágenes: Fotograma de “My blueberry nights” © 2007 Vértigo Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Oviedo Express” © 2007 Gona. Todos los derechos reservados.