Parece que la Seminci se anticipa a la fiesta de los difuntos, o al menos eso es lo que se deduce después de ver, a primera hora de la mañana, “El bosque del luto” de la japonesa Naomi Kawase. Un cine de extrema sensibilidad y delicadeza, de profunda espiritualidad oriental, con el que se acerca a la muerte y a la pérdida de los seres queridos. En una residencia de la tercera edad, una joven enfermera —que arrastra el dolor por un hijo muerto en accidente— acompaña a un anciano en la “despedida” de su mujer, cuando se cumplen 33 años de su fallecimiento. Es la ardua ascensión a la montaña, metáfora y símbolo budista para hablar del viaje interior de purificación en busca de la paz y armonía final. Bellas imágenes de una Naturaleza de fuerte presencia y tempo lento apropiado para la contemplación, junto a rostros que esconden dulzura y también dolor, y cine poético para un público que recele de la acción trepidante y las prisas y que prefiera las sensaciones y los sentimientos interiores.

En las antípodas de ese cine se encontraba “Los falsificadores” de Stefan Ruzowitzky, nueva muestra del revisionismo que los alemanes están haciendo de su pasado nazi: campos de concentración, sabotajes y chantajes alrededor de un grupo de judíos seleccionados por las SS para falsificar dinero y sostener la guerra. Héroes y villanos, idealistas y quienes sólo buscan sobrevivir en un marco desasosegante y sucio, algo bien conseguido por una fotografía de baja definición, un empleo impactante del sonido y una cámara mareante. Un aspecto más de una historia que se repite hasta la saciedad —ya casi es un subgénero—, bien contada en un largo flashback, aunque se empantane entre las libras esterlinas y los dólares. Aunque el director se plantea interesantes dilemas morales, con tanto afán de denuncia y condena no logra evitar la explicitud narrativa y el discurso prefabricado, con lo que al espectador se le da todo hecho y no tiene más que dejarse llevar por la cámara.

En busca de más nazis, por la tarde nos hemos ido a la sección Punto de Encuentro, y los hemos encontrado hablando en catalán en la película “El payaso y el Führer” de Eduard Cortés. Se va a celebrar el cumpleaños del dictador y el jefe de la Gestapo quiere “regalarle” un número —con participación suya— del célebre payaso Charlie Rivel, algo de lo que pueden derivarse imprevisibles consecuencias. Con el tono cómico y mordaz que en otro tiempo inmortalizasen Charles Chaplin y Ernst Lubitsch, Cortés adapta una obra de teatro, y eso se nota demasiado en su puesta en escena y planificación. La gravedad viene con el tema y algunas imágenes documentales, la comicidad con los chistes —excesivos, pues en ocasiones parece que asistimos a un show humorístico— y de las propias actuaciones circenses, y las puyas de unos diálogos irónicos o mortalmente afilados. Digno intento por una buena causa, con risas y entretenimiento asegurados, aunque algo irregular y no soporta las comparaciones con sus precedentes. Y como la Seminci quiere ser foro para el debate y la divulgación, hoy se han iniciado varias conferencias sobre Efectos Especiales, que van acompañadas de cortos del mago George Méliès o diversos montajes sobre la aplicación de las nuevas tecnologías al cine. Bienvenida sea esta iniciativa, aunque coincidiendo con la Sección Oficial…
En las imágenes: Fotograma de “El bosque del luto” © 2007 Vértigo Films. Todos los derechos reservados. Fotograma de “Los falsificadores” © 2007 Wanda Visión. Todos los derechos reservados.