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Lunes 21 Abril 2008

Una de las principales atracciones para todos los aficionados al cine fantástico y de terror que se acercaron al recién finiquitado 26º Salón Internacional del Cómic de Barcelona, consistió en poder disfrutar de la compañía de dos auténticas leyendas del género como son el especialista californiano Ray Harryhausen y el cineasta madrileño Paul Naschy —este último, además, había acudido para dar a conocer su reciente aportación al cómic, “Waldemar Daninsky (El retorno del Hombre Lobo)”, durante el certamen—. Ambos compartieron la mesa redonda ‘Fantasía y terror’ con un representante de las nuevas generaciones en este campo, el ganador de un Oscar® David Martí, de la premiada compañía catalana DDT, presente asimismo en la feria con la atractiva exposición ‘El laberinto de DDT’. Juntos sostuvieron un interesante y ameno diálogo en torno a diferentes cuestiones relacionadas con la evolución de los efectos especiales y el fantástico en una sala de actos abarrotada por un público entregado y en su mayoría muy joven.

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Ante la pregunta de si era posible que las tecnologías digitales acabaran barriendo del mapa a los efectos más artesanales, Martí de DDT aclaró que, al contrario de lo que pudiera parecer, los efectos digitales les ofrecieron a su joven compañía más trabajo del que se hubieran imaginado. «Aquí se pasó de los efectos más “cutres” a los efectos especiales digitales. Entonces, el puente ese que había, nadie había pensado en él», dando a entender que ése fue el espacio que se encargaron de cubrir. Sin embargo, también apuntó que deben gran parte de su éxito a su alianza con Guillermo del Toro en películas como “El espinazo del diablo”, la saga de “Hellboy” y “El laberinto del fauno”, y que mientras existan directores como él que confíen en lo artesanal, seguirán perviviendo. Frente a esto, puso otros ejemplos, como el de la franquicia de Harry Potter, donde lo digital ha ido ganando terreno a lo tradicional con cada nueva entrega.

En cuanto a su colaboración con el realizador mexicano, al que consideran su padrino, su compañero explicó: «Con Guillermo se trabaja con un estilo muy yanqui: se hacen los dibujos, se hacen las maquetas, hacemos el modelo final. De todas formas, Guillermo tiene como un proceso… siempre he dicho que su cerebro está en la tripa; es un cerebro demasiado grande, tiene mucha imaginación… El proceso no acaba hasta que tiene la escultura, cuando lo ve en tres dimensiones, y entonces, si puede, se acerca al taller y araña la escultura. Él es una parte muy importante de todos los diseños; nosotros los parimos, pero muchos aspectos son del propio Guillermo. Está bastante enfermo el hombre, tiene unas ideas muy raras y hace muchos cambios de última hora. Nunca se termina un concepto trabajando con él. Incluso en el rodaje pide cambiar cosas».

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Como cabía esperar, la gente se interesó por la opinión que le merecía al inventor de la técnica de la dinamation, la invasión de los efectos digitales en el cine actual. Harryhausen comentó que «la aparición del ordenador ha hecho que mucha gente piense que es la herramienta definitiva. Yo creo que está muy bien, pero no es más que una herramienta. Me gusta que a día de hoy aún siga recibiendo cartas de aficionados que me dicen que prefieren el carácter tridimensional de los efectos especiales a la antigua». No obstante, no cierra las puertas a las nuevas tecnologías: «Últimamente estoy en el proceso de colorear antiguas películas en blanco y negro de los años 50. Gracias al ordenador tienen un aspecto muchísimo mejor, hace que gane enormemente la calidad de la película». Al respecto, aclaró que algunos de los largometrajes en los que participó en sus inicios, caso de “La Tierra contra los platillos voladores” o “El monstruo de tiempos remotos”, tuvieron que rodarse en blanco y negro por cuestiones de presupuesto, pero que ellos hubieran querido hacerlos en color. A pesar de haberse convertido en un maestro en este terreno, también quiso puntualizar que «para mí lo importante de una película es que cuente una historia. No me importan tanto los efectos o los personajes, sino la continuidad en el relato, que exista algo que sea realmente coherente». Leer más >>

Lunes 11 Febrero 2008

Lamentablemente, no todo han sido celebraciones este pasado fin de semana. El domingo también nos dejaba la triste noticia del fallecimiento del veterano actor Roy Scheider a los 75 años de edad. Nominado en dos ocasiones al Oscar®, en 1971 como Mejor Actor Secundario por el clásico de William Friedkin “The French Connecion, contra el imperio de la droga” y en 1979 por su papel protagonista en el musical de Bob Fosse “All that jazz (Empieza el espectáculo)”, Scheider es recordado asimismo por haber interpretado al jefe de policía Martin Brody en la mítica “Tiburón”, de Steven Spielberg, así como en su más olvidable secuela.

Este intérprete nacido en New Jersey en 1932 también estuvo presente al lado de Dustin Hoffman y Laurence Olivier en “Marathon man”; en el remake de “El salario del miedo” “Carga maldita”, de nuevo a las órdenes de Friedkin; en el thriller de Robert Benton “Bajo sospecha”, donde compartía cartel con Meryl Streep; en “Trueno Azul”; en la adaptación de “La casa Rusia”, junto a Sean Connery y Michelle Pfeiffer; o en la de “El almuerzo desnudo”, bajo la batuta de David Cronenberg, entre otros títulos destacados de su extensa trayectoria. Scheider había obtenido su primera oportunidad en 1962 gracias a la televisión, dentro de la exitosa serie “The edge of night”, y recientemente había completado dos largometrajes de bajo presupuesto, “Dark honeymoon” y “Iron cross”. En definitiva, se ha ido un actor, a menudo más reconocido entre el gran público por su inconfundible rostro que por su nombre, cuyo carisma y oficio han acompañado la infancia y la adolescencia de muchos cinéfilos.

En la imagen: Rob Scheider en “Tiburón” - Copyright © 1975 Zanuck/Brown Productions y Universal Pictures. Todos los derechos reservados.